30 de Marzo de 2008 — Manuel Delgado
SÃ, asà es, me corroe la envidia. Hoy he pasado el dÃa con un compañero de trabajo y su agradable familia. Son portugueses y viven aquà en Texas desde hace un año, cuando mi empresa abrió la oficina de EEUU y él vino a hacerse cargo de ella. Tienen varios hijos, entre los que destaca por su simpatÃa el pequeño, de tres años, que es el ser al que más envidio en estos momentos: a sus tres añitos, tiene un acento americano perfecto, habla más inglés que la mayorÃa de los españoles, su lengua nativa es el portugués, entiende el castellano sin problema e incluso se lanza a chapurrearlo. Y todo esto sin esfuerzo alguno, sin haber abierto un libro, sin haber pagado un profesor particular, sin haberse tenido que examinar del First, del Advanced, del Proficiency… ¡qué envidia!
Foto de la envidia hecha manzana (verde, por supuesto) por Christina Snyder, reproducida mediante una licencia Creative Commons by.
SÃ, este tipo de cosas suelen pasar. Recuerdo que cuando intentaba aprender alemán —ya lo he dejado por imposible, ¡cómo lo odiaba!— lo más desmoralizante que habÃa en el mundo era salir por BerlÃn y oir a chavalines de séis años hablar perfectamente. Ya hubo un antiguo literato que ilustró esta circunstancia:
Asombrose un portugués
al ver que en su tierna infancia
todos los niños de Francia
supieran hablar francés.
“Arte diabólico es,”
dijo torciendo el mostacho,
“que para hablar en gabacho
un infante en Portugal
llega a viejo y lo habla mal
¡y aquà lo parla un muchacho!”
30 de Marzo de 2008 a las 13:04:46
Bueno, a mà me da sana envidia eso y pensar ¿cómo serán los móviles y ordenadores que usará el chaval en el futuro? Recuerdo que me compré mi primer ordenador a los 28 años (un 286 último modelo con 40 megas de disco duro, una bestia en su época). Cuando veo a niños de 8 años manejando ordenadores como los actuales siempre pienso qué será cuando ellos tengan 28 años.
30 de Marzo de 2008 a las 15:53:57