TMI: Too Much Information

Por si alguien pensaba que sólo los periodistas y medios de comunicación españoles demuestran casi a diario su incultura sobre Internet con artículos sensacionalistas carentes de base y justificación, sirva este ejemplo para ilustrar que en otros sitios padecen la misma lacra: leo en el centro de la portada del USA Today de hoy un artículo titulado “Social, work lives collide on networking websites”, algo así como “La vida personal choca con la profesional en los sitios de redes sociales”. O sea, más de lo mismo sobre lo mala, malísima, que es Internet y lo desprotegidos que estamos en ella. Como ejemplo paradigmático, el periódico nos cuenta la historia de una señora llamada Wadooah Wali, que se quedó preocupadísima después de que un contacto de negocios viera en Facebook una foto de su reciente boda con otra señora, a pesar de que ella mantiene su homosexualidad en secreto en su “vida profesional”. Curiosamente, a la señora Wali no parece importarle que su historia se publique en portada en el USA Today y que la misma foto de Facebook se reproduzca a buen tamaño en la página 2 (en el artículo en la web, no aparece). Debe de ser que sus contactos de trabajo no leen el USA Today y por eso está tranquila, no preocupada como en Facebook. Así, sólo unos cuantos cientos de miles de personas han visto hoy su foto abrazando a su mujer, infinitamente más que el número de visitas de su perfil de Facebook en los últimos años, seguro.

Internet puede amplificar tus secretos cuando estos dejan de serlo. Pero no es Internet, sino tú u otra persona, quien desvela esos secretos. No es tu blog quien le dice a tu jefe que piensas que es gilipollas: eres tú quien comete la estupidez de escribirlo. Si tienes un secreto, lo mejor es que no lo sepa nadie y, si alguien lo sabe, no tienes un secreto. Pero estas reglas tan básicas son completamente independientes de Internet, las redes sociales, los blogs o cualquier otra tecnología. Estaban ahí antes de que existieran los ordenadores y seguirán estando cuando esta tecnología sea superada por alguna otra. Parece mentira que los periodistas (y muchos, muchísimos, usuarios) no hayan entendido aún esa obviedad.

Algo distinto es el asunto de los datos personales, cuya cosecha indiscriminada se ha visto drásticamente favorecida por Internet. Sin embargo, olvidan también los que se escandalizan por estas cosas que la mayor parte de los datos personales que se pueden encontrar en Internet sobre nosotros provienen 1) de nuestras propias meteduras de pata al desvelarlos, 2) de orígenes de datos como los Boletines Oficiales que se publican por obligación legal y 3) por las meteduras de pata de terceros al no proteger convenientemente nuestra información. Es decir, que el problema no es tanto el que Internet permita recopilar y profundizar en la vida de la gente de forma más eficiente, sino que Internet permite actuar de forma escandalosamente temeraria de forma también mucho más eficiente.

Dejemos de escandalizarnos y que los periodistas dejen de asustar injustificadamente a los que más desconocen Internet. Sólo mediante la educación y la sensatez mejoraremos nuestra privacidad en Internet: la desinformación y el sensacionalismo burdo no consiguen más que el efecto contrario.

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