En ocasiones veo burbujas tecnológicas

Burbuja por Istargazer CC by-nc-sa

Aunque aún no soy muy viejo, recuerdo perfectamente el estallido de la burbuja de Internet del año 2000 (justo cuando estaba montando mi empresa dedicada, inicialmente, a la creación de sitios webs, por cierto). No voy a decir que yo “lo vi venir”, porque no fue así, pero sí es cierto que cualquiera que hablase conmigo en aquella época recordará que siempre me mostré muy cauto ante la proliferación de gurús, de saraos para “los del mundillo”, de empresas que no se sabía ni qué vendían, de inversores que confiaban ciegamente en cualquier desgreñado que les presentara un business plan con manchas de paté “La Piara” y de tanto administrador de bases de datos de 23 años con dos deportivos en la puerta de su casa. Pues, ahora que acaba el año 2007, comienzo a tener la misma sensación que entonces.

Han cambiado los conceptos de los que se habla y la escala es bastante distinta, pero la situación se parece mucho. En los años 98 y 99 se hablaba, sobre todo, de comercio electrónico, de marketplaces, de sitios dedicados a la música y de “portales” (fuera eso lo que fuera). Ahora se habla de redes sociales, de Web 2.0, de recomendaciones, de mashup, de plataformas abiertas y de blogging o, mejor aún, microblogging. Cualquier negocio que lleve uno de esos apellidos (o varios juntos) tiene asegurada la atención de los blogs más influyentes y, por qué no, de algún inversor con un par de milloncejos que no sabe dónde colocar. En aquellos tiempos, la mayor aspiración de cualquiera que hubiese creado un sitio web con PHP con un listado de restaurantes era salir a bolsa; hoy se es mucho más realista, pero los millones comienzan a pulular, las valoraciones de ciertas empresas con un año y pico de recorrido provocan mareos de tantos ceros que tienen, las guías con consejos para montar una startup de Internet, proscritas durante años, vuelven a circular y muchos estudiantes de informática aprenden antes el significado de VC antes que el de UAL.

A diario, igual que en aquellos años, uso servicios en Internet de los que no soy capaz de entender cómo ganan dinero. De hecho, no lo ganan. Algunos están esperando a que se les ocurra la idea genial para tener ingresos (¿no debía pasarte eso ANTES de montar el negocio?) y otros sólo quieren alcanzar masa crítica de usuarios con la intención de ser comprados por algún visionario de una empresa grande. Los hay que ni eso, pues se dedican, simplemente, a mamar de la teta de sus inversores y a pedir confianza en la evolución de las redes sociales (o cualquier otro factor de moda) el año que viene.

Estoy convencido de que muchos aprendieron la lección de lo ocurrido hace ahora ocho años, pero me preocupa ver hoy cómo muchos de los de entonces siguen ocupando los mismos puestos, aunque quizá en otras empresas, y vuelven a hablar de inversiones, bolsa, capital riesgo, stock options, etc. En muchos casos, no tengo ninguna confianza en que no vuelvan a cometer los errores que ya cometieron entonces, puesto que no veo que sus discursos hayan cambiado mínimamente (salvo por las sustituciones de conceptos que ya he mencionado).

Cuando parecía que todos estábamos convencidos de que no había que confiar en las predicciones sin fundamento (del tipo de “el año que viene, toda España comprará el pan por Internet“), en que los negocios tenían que dar, como mínimo, signos de viabilidad antes de que se les pudiera considerar exitosos, en que no existen métricas especiales para los negocios en Internet sino que se rigen por los mismos parámetros que cualquier otra empresa, en que una brick & click tiene más base que un negocio completamente virtual, … en resumen, cuando parecía que no era posible que volviera a pasar, llega el año 2007 y nos regala multitud de pistas para que nos demos cuenta de que, efectivamente, es posible que vuelva a ocurrir.

Mi recomendación para 2008: juega tus cartas con inteligencia y usa las lecciones aprendidas de la “crisis de las punto com”. Recuerda que igual que hubo muchos que perdieron hasta la camisa, los hubo también que se forraron y, si puedes elegir, no hace falta que te diga en qué grupo deberías estar. Si hay gente empeñada en meter tres o cuatro millones de euros en un business plan que escribas en una tarde con la ayuda de tu sobrino de ocho años, no les niegues el capricho.

Imagen cortesía de Istargazer mediante una licencia CC by-nc-sa, así que todo este artículo se distribuye mediante la misma licencia.


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