Por qué admiro a Scott Adams
Aún es mucha, muchísima, la gente que desconoce la existencia de Dilbert. Mal, muy mal. Las tiras de Dilbert, enmarcadas en una oficina repleta de personajes disfuncionales, deberían ser lectura obligatoria en las facultades de ADE, escuelas de negocios y similares. Reconozco que el mayor problema que existe para su difusión en España es que el original inglés es relativamente difícil de entender para el español medio, que no se caracteriza por un gran dominio de la lengua de Shakespeare, y las traducciones al español se dejan una gran parte de la gracia en el camino.
Scott Adams es el creador de Dilbert. En el pasado, trabajó en un banco y en Pacific Bell, una subsidiaria de AT&T. Sin embargo, su ilusión era ser dibujante de tiras cómicas. Mientras mantenía su “trabajo de día”, trabajó duro para mejorar sus tiras y fue rechazado en multitud de ocasiones, hasta que una de las agencias de sindicación de contenidos a las que envió sus obras le dio una oportunidad. Prestó atención al feedback de los periódicos en los que empezó a publicar sus tiras, ajustó su producto y, ¡tachán!, ahora es millonario, vive haciendo lo que realmente le gusta (sigue dibujando su tira diaria) y aún encuentra tiempo para dar conferencias pagadas, otras sin ánimo de lucro, escribir a diario en su blog, gestionar un restaurante y escribir libros a patadas. El último se publicó la semana pasada y está formado por varios meses de posts y comentarios de su blog. En su blog, Adams ha contado casi en tiempo real su lucha contra una enfermedad llamada disfonia espasmódica, que le sobrevino hace unos años, incapacitándole para hablar, y de la que se repuso el año pasado gracias a su capacidad de autocontrol, su fuerza de voluntad y una concienzuda búsqueda de una terapia con posibilidades de éxito.
De Scott Adams me encanta su forma de ver la vida, su escepticismo metódico, sus opiniones políticamente incorrectas y su interés por poner en duda todo lo que sabe y lo que aprende. Pero, sobre todo, por su forma de afrontar el trabajo: es un emprendedor empedernido que no recurre a complejas y oscuras teorías de organización de empresas sino al más simple sentido común, al tesón, a la constancia y a los objetivos bien definidos.
Su vida es un claro ejemplo de que el conformismo y el derrotismo son malos compañeros de viaje. Es nuestra decisión dedicar nuestra vida a arrepentirnos de las oportunidades perdidas, a quejarnos de lo injusta que es nuestra situación y a culpar a los demás (los de mi alrededor, mi jefe, la “sociedad”, …) de nuestros problemas. Unos eligen estos caminos. Otros son Scott Adams.



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