Los viajes en primera de los burócratas estadounidenses

A principios de mes, se extendió como la pólvora una noticia sobre el sobrecoste no autorizado que suponían los viajes en clase business y en primera clase de muchos burócratas de la administración de Estados Unidos (referencias, al pie). Nada menos que 146 millones de dólares en sólo un año. Casi nada. Esa cantidad, que no deja de ser un sobrecoste y que sólo se aplica a unos pocos de los viajeros de la Administración, es muy superior al presupuesto para vuelos de muchas empresas de gran tamaño. En EEUU, los trabajadores de la administración federal siempre vuelan en clase turista, salvo que se les autorice una clase superior por motivos médicos o que el vuelo dure más de catorce horas. Según se recoge en el informe de la Government Accountability Office, muchos funcionarios falseaban sus pruebas médicas, mientras que otros mentían en la duración de sus viajes o conseguían autorizaciones especiales de carácter dudoso.

¿Cómo puede llegar una organización a acumular esa barbaridad en sobrecostes no autorizados? Máxime, cuando se trata de una organización cuya política de viajes está tasada por ley, no por un simple documento de Word que se hace circular, de vez en cuando. En mi opinión, hay dos factores fundamentales: los ingentes presupuestos con los que juega la administración en general (y algunas de sus partes, en particular) y la connivencia de todos los empleados. Otros se fijarán en la ausencia de mecanismos automatizados de control, la falta de sistemas informáticos que aglutinen la información, etc., pero yo creo que los factores que expongo son capaces de dar al traste con cualquier iniciativa del control del gasto enmarcada en una política de viajes. Y todo esto es extrapolable, evidentemente, a la empresa privada.

Con respecto a los presupuestos ingentes, no es de extrañar que los departamentos con los funcionarios más díscolos sean el Departamento de Estado y el Pentágono. ¿Quién no ha notado en su empresa como ciertos proyectos estrella, con abundante presupuesto, son mucho más propensos al dispendio? Nota para los responsables de viajes de cualquier gran empresa: si quieres encontrar irregularidades en la aplicación de tu política de viajes, búscalas en los departamentos o proyectos de más éxito o que estén recibiendo más presupuesto del habitual por razones de coyuntura.

Sin embargo, nada de esto ocurre sin la connivencia de una buena parte de la organización. Cuando se asume que volar en business es un privilegio jerárquico y no una herramienta de trabajo, el abuso de la política de viajes se convierte en algo habitual y comprensible, tanto para quienes lo practican como para quienes lo observan. La situación, al pasar el tiempo, cristaliza en la cultura empresarial y es muy difícil de combatir (si los que vuelan en business class son los jefes, es difícil denunciarlo sin ser jefe, mientras que pocos jefes estarán dispuestos a denunciarlo y perder ese privilegio; además, ese falso privilegio se convierte en un aliciente para ascender, con lo que nadie quiere ver cómo desaparece). Para evitar la cristalización de esas malas prácticas en la empresa, además de los mecanismos de control adecuados, es esencial que la política de viajes se cree basándose en criterios objetivos que aporten verdadero valor al viajero y que todo esto se explique convenientemente a los usuarios.

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