Los terroristas empiezan a usar el sentido común

Los terroristas empiezan a usar el sentido común… y esto es peligroso. Muchas veces he dicho que uno de los motivos por los que podemos estar más o menos tranquilos en lo referente al terrorismo islámico es su búsqueda del “mayor atentado de la Historia”. Mientras personas con poca o nula preparación sigan dedicando su tiempo a diseñar planes terroristas basados en estrellar aviones contra centrales nucleares o en conseguir armas atómicas, su efectividad será ridículamente baja. Bien es verdad que los atentados del 11S en EEUU y del 11M en España causaron justo el efecto intimidatorio que querían, pero es que ambos tenían el componente necesario de simplicidad que hace falta para que una cosa así funcione. Además, el primero hizo extremadamente difícil que algo así se pueda repetir y el segundo sólo funcionó por una carrera de despropósitos policiales (sin entrar ya en teorías más complejas) que espero que nunca más se vuelvan a producir. Es decir, les acompañó la suerte.

Los atentados semi-frustrados de ayer en Reino Unido son una muestra de que algunos terroristas islámicos se están dando cuenta de que ésa es la línea a seguir: con muy pocos medios y un riesgo limitado, es posible también causar pánico y terror, que es su verdadero objetivo. Cuando oigo planes terroristas como los de hace poco que querían volar no sé qué conducto de gasolina que, según ellos, acabaría por hacer volar medio aeropuerto JFK de Nueva York, suelo pensar que estamos razonablemente seguros. Cuando otros terroristas se dan cuenta de que con llenar un coche de gasolina y estrellarlo contra una puerta de cristal pueden causar terror, me preocupo. En Londres, apenas añadieron nada más que un par de bombonas de gas y metralla y colocaron los coches en medio de una calle concurrida. Sencillo, ¿no? Espero que la mayoría de los terroristas islámicos siga empeñándose en diseñar planes para volar bunkers de crisis del ejército y no centre su atención en llenar un coche de gasolina y hacerlo estallar en el aparcamiento de un centro comercial.

Por cierto, por si a alguien le interesa, Bruce Schneier, uno de los mayores expertos del mundo en seguridad (profesionalmente, lo suyo es la seguridad informática, pero también se interesa mucho por la seguridad, en abstracto), publicó hace quince días el fallo de su segundo concurso de amenazas terroristas con apariencia de guión cinematográfico. Las condiciones del concurso eran describir una amenaza terrorista viable para secuestrar o volar un avión, con un presupuesto muy limitado, y en la que tenía que jugar un papel fundamental un elemento cotidiano que, tras el atentado, tuviera irremediablemente que ser prohibido en los aviones de todo el mundo. Así, las consecuencias del atentado no sólo serían las directas, sino también las derivadas de la prohibición, que supondría una incomodidad para millones de pasajeros. El ganador del concurso fue una idea sobre cómo volar aviones con sodio, barato y fácil de introducir en un avión sin detección posible, y… AGUA. La consecuencia: la prohibición del agua en los aviones. Espero que los terroristas islámicos no sepan quién es Bruce Schneier… o pasaremos mucha sed en los aviones en el futuro.

Por cierto (otra vez), un vídeo de Brainiac sobre las capacidades explosivas de algunos metales como el rubidio o el cesio, que con sólo un par de gramos son capaces de organizar un gran kaboom. Y dicen que con el francio la cosa es aún mayor (¿por qué no me enseñó eso mi profesora de química? Habría hecho la clase mucho más interesante.)


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