Ceguera intelectual musulmana

Éstas son las palabras de Benedicto XVI que han causado ya una muerte, disturbios y quemas de iglesias, todo a mano de nuestra civilización amiga:

(…)
“En el séptimo coloquio editado por el profesor Khoury, el emperador toca el tema de la ‘yihad’ (…) de manera sorprendentemente brusca se dirige a su interlocutor simplemente con la pregunta central sobre la relación entre religión y violencia, en general, diciendo: ‘Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba’. El emperador explica así minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo irracional. La violencia está en contraste con la naturaleza de Dios y la naturaleza del alma. ‘Dios no goza con la sangre; no actuar según la razón es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por lo tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas… Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir a los músculos ni a instrumentos para golpear ni de ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte…”

Es racionalmente imposible que alguien se ofenda por esas palabras, si hace un mínimo esfuerzo para entenderlas. Los hay por ahí que argumentan que los que salen a vociferar por las calles pidiendo la decapitación del Papa han sido manipulados y no les han contado el asunto en contexto, pero creo que les hacen un flaco favor intentando justificar sus amenazas de muerte sobre la base de su credulidad, su ignorancia y su capacidad para alterarse hasta pedir la muerte de los demás sólo por las opiniones que, supuestamente, están en contra de su religión.

La cosa es peor, no obstante. Podría llegar a entender que siempre va a existir un grupo en todo colectivo que, alimentados con mentiras, reaccionarán en contra de “el otro” para salvaguardar el honor que creen mancillado. Sin embargo, es paradójico, cuando no ridículo, que los que se sienten ofendidos porque alguien critique la extensión de su fe por medio de la violencia, demuestren su enfado promoviendo la violencia contra los que van en contra de su fe.

Y, como no podía ser de otra forma, aún hay más: si ya es grave que los musulmanes que algunos llaman radicales se echen a la calle a pedir decapitaciones, más grave es que los musulmanes que algunos llaman moderados guarden un nada honroso silencio. Sin embargo, el culmen de la indignidad está en los occidentales teóricamente cultos y bien informados que, teniendo a mano textos como el de arriba, siguen viendo en las palabras del Papa una ofensa que exige disculpas. Puesto que, en mi inocencia, no pienso que sean gilipollas, tendré que pensar que sólo intentan engañarnos.

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