Gallardón y los arbolitos
Quizá, quien me conozca pensará que este post va a consistir en una crítica a nuestro alcalde Ruiz Gallardón. Pues, no. Si bien no coincido con mi compañero de partido en muchísimas cosas, reconozco que la polémica sobre los arbolitos del Paseo del Prado no es algo que deba usarse en su contra. Todo lo contrario.
De lo único de lo que podría acusarse al alcalde en estos momentos es de no estar manejando esta crisis de relaciones públicas con algo más de soltura. Por lo demás, la reforma del Paseo del Prado se ha desarrollado, hasta la fecha, de manera impecable, cumpliendo todos los plazos y obligaciones legales relacionadas con la publicidad del proyecto y la aceptación de alegaciones al mismo.
¿Por qué aparece ahora Carmen Cervera protestando contra la supuesta tala de árboles en lugar de haber utilizado, en su debido momento, los mecanismos que le otorga la Ley? ¿Qué intereses mueven ahora a la Baronesa? Eso de ver a Pilar Bardem, tan “roja” ella, apoyando en sus reivindicaciones a un miembro de la aristocracia (eso sí, no de la aristocracia española, sino de la alemana, si es que tal cosa existe) es lo que me ha puesto la mosca detrás de la oreja en este asunto. Ahí hay algo raro, seguro.
La ciudad es para las personas: si la remodelación del Paseo del Prado es buena para la ciudad, adelante, aunque haya que sacrificar árboles. Las leyes ya obligan suficientemente a las administraciones a reponer, con creces, todo arbolito que cortan o arrancan. La capacidad “plantadora” del Ayuntamiento de Madrid supera, por amplio margen, a sus actividades devastadoras, así que no es ésta una cuestión que deba preocuparnos.



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