Así no vamos a ninguna parte

Que la discriminación de los homosexuales es mala no lo discute nadie. Sin embargo, luchar por terminar con la discriminación se puede hacer de muchas formas y, desgraciadamente, no se está optando por las correctas. En España, no existe discriminación legal contra los homosexuales desde hace ya muchos, muchísimos años, en ningún ámbito. Sin embargo, grupos de presión y gobierno socialista se han empeñado en convencernos de que el que dos hombres o dos mujeres no se pudieran casar es discriminatorio (falso: lo discriminatorio sería que no se pudieran casar por ser homosexuales, no que el matrimonio sea algo que sólo puedan hacer un hombre y una mujer).

No contentos con decirnos qué es legal y qué no, también se empeñan en convencernos, incluso bajo amenazas, de qué está bien y qué está mal. No sólo se dicta qué se puede hacer y qué no, sino también qué se puede pensar. Así, por ejemplo, cualquier crítica al Día del Orgullo Gay fundada en que no te gustan sus contenidos no se toma como una crítica a una fiesta de mal gusto que acaba degenerando en simple botellón, sino como un insulto a la homosexualidad como concepto y como colectivo.

El último capítulo de la persecución de la inquisición políticamente correcta es la retirada de las librerías de un diccionario de ideas afines de la editorial Herder (editado por última vez en 1983, aunque reimpreso en varias ocasiones) en el que se pone en relación el término homosexual con algunos términos despectivos. Bajo amenaza de acciones legales por parte de un colectivo homosexual, la editorial ha decidido que mejor será retirarlo de la circulación y ahorrarse un pleito.

Para los incultos, ágrafos y burritontos que promueven este tipo de cosas, no está de más recordarles que los diccionarios no son normas que sus lectores deban seguir, dictadas por alguien con intención de aleccionar, sino reflejos del habla en el momento en que se redactan. Aún es más, un diccionario de ideas afines (no confundir con uno de sinónimos) propone conjuntos de ideas alrededor de un concepto, tal y como los hablantes de esa lengua lo entienden, sin que esto indique que existe una relación directa entre un concepto y otro. Es decir, cuando propone el concepto “depravado” para el concepto “homosexual”, no indica que los homosexuales sean depravados, sino que hay hablantes que pueden hacer una asociación de ideas entre ambos conceptos. Los hay, y son muchos, independientemente de que nos parezca bien o mal lo que piensan.

Los que no aceptan que aún queda gente a la que la homosexualidad no le parece correcta son tan intolerantes como aquellos a los que desprecian. Mas son mucho peores los que no sólo no lo aceptan sino que, además, usan la amenaza para ocultarlos y estigmatizarlos. Estas actitudes no hacen más que radicalizar a los que somos moderados.

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Publicado en: Actualidad y noticias.  |  .

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