La energÃa3 de Agosto de 2005 — Manuel DelgadoHace alrededor de un mes, un visitante me pidió que hablara acerca de la energÃa. Me siento halagado por la confianza depositada mas como no soy, ni mucho menos, un experto en el tema, pensé que no serÃa conveniente lanzarme a escribir sin dedicar un tiempo a recapacitar sobre la cuestión. He tardado, pero aquà estoy aunque, con sinceridad, no sé si seré capaz de aportar algo nuevo a una discusión que lleva ya siglos abierta. Para comenzar, hoy definiré mi postura al respecto de la discusión clásica entre “optimistas” y “pesimistas”: soy casi al 100% de la Cornucopia. Es decir, con unos pocos matices, pienso que las fuentes energéticas son inagotables, incluso aquellas consideradas como “no renovables”. Para entender esto, hay que acotar el terreno: inagotable no debe entenderse como infinita sino como suficiente. A nadie le interesa que haya infinitas reservas de tal producto, nos basta con que haya suficientes. Llegados a este punto, muchos se preguntan cómo puede ser que haya “suficiente” de un bien que es finito y “no renovable” si tenemos intención de consumirlo indefinidamente. La respuesta es sencilla: no tenemos intención de consumirlo indefinidamente. A lo largo de la historia, con la aparición de cada fuente energética siempre ha comenzado una carrera imparable para sustituirla por otra más eficiente. La humanidad no se ha casado con una única fuente, sino que usa muchas al mismo tiempo y, cuando una deja de ser eficiente, la sustituye por otra. Esto nos lleva a otro debate: la eficiencia. TÃpicamente, el movimiento de la Cornucopia siempre se ha valido de la tesis de las mejoras técnicas para defender sus posturas. Desde esta perspectiva, los adelantos tecnológicos permiten alargar drásticamente la “vida útil” de las fuentes energéticas. Esto es un hecho: las reservas de petróleo, por ejemplo, no han hecho más que aumentar a lo largo de las últimas décadas gracias a la mejora en las capacidades de prospección y de extracción, lo que nos ha permitido encontrar petróleo donde no se sabÃa que hubiera y extraerlo de profundidades donde antes no era posible o no era rentable. Además, la eficiencia en los procesos productivos, en el transporte y en el consumo también tiende a incrementarse, lo que hace que una unidad de fuente energética produzca más energÃa a medida que avanza la tecnologÃa con la que se la procesa. Sin embargo, si no incorporamos al argumentario clásico de la Cornucopia el concepto de “suficiencia” que he expuesto más arriba y el de “globalidad”, que explicaré seguidamente, la teorÃa puede llegar a pinchar: cuando hablamos de fuentes “no renovables”, por mucho que mejoren los procesos técnicos siempre nos enfrentaremos a una cantidad finita de recursos y, por mucho que mejoremos su aprovechamiento, siempre existirá un lÃmite para esa mejora. Debemos comprender, también, que la discusión acerca de la energÃa no debe estar constreñida por las discusiones sobre cada fuente energética, como si cada una de ellas fuera mutuamente excluyente. Por eso, creo que no tiene mucho sentido aferrarse a la discusión de si una determinada fuente (el petróleo, por ejemplo) durará eternamente: no, no durará eternamente, como ya sabemos. Durará lo suficiente. Además, cuando se agote, habrá otra fuente de energÃa que se hará cargo de nuestras necesidades. La discusión sobre la energÃa, por tanto, ha de afrontarse desde la perspectiva de “la globalidad de las fuentes energéticas”, en lugar de la segmentación clásica que nos lleva al fatalismo malthusiano cada vez que intuimos el declive de un determinado recurso. A nadie le interesa que haya carbón o petróleo eternamente, lo que nos interesa es que haya energÃa. Espero haber conseguido dos objetivos: por un lado, dejar clara mi postura dentro de la discusión clásica sobre la perdurabilidad de las fuentes energéticas; por otra parte, resaltar dos conceptos de la teorÃa de la Cornucopia que suelen olvidarse al afrontar esta discusión. En próximos artÃculos, hablaré de fuentes energéticas concretas, en un intento de analizar su situación actual, su idoneidad y cómo se encuentra España en relación con ese recurso. Un comentario a “La energÃa”Haga un comentario |
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28 de Septiembre de 2005 a las 10:00:00