La castración química16 de Noviembre de 2004 — Manuel DelgadoÚltimamente, he oído varias cosas acerca de la castración química. Será que a alguien le interesa que se hable de esto. En Francia, están estudiando seriamente incorporarla al “recetario” de la reinserción de los violadores. En España, un violador solicitó la semana pasada ser “castrado químicamente” para evitar volver a caer en la tentación. Aunque, al oír una noticia sobre algún violador, a todos se nos haya pasado por la cabeza la idea de “que le capen”, estoy absolutamente en desacuerdo con esa medida. En primer lugar, porque si empezamos a capar con medicamentos a la gente, digo yo que podíamos seguir en esa línea y ampliar la medida a otros delitos. Al que robe mucho, le paralizamos los brazos. Al que huya de la justicia, le ponemos una epidural eterna y que no se pueda mover. A los asesinos, les mantenemos en estado vegetativo y, a los que calumnien, les inutilizamos la lengua con un chute de curare bien ubicado. Me hace gracia el adjetivo. “Castración química”. Al llamarse “química”, parece menos castración. La realidad es, no obstante, que en la práctica se castra al criminal, es decir, se le anula el deseo sexual y se le inutilizan los genitales para que no pueda mantener relaciones sexuales. Me sorprende que estas noticias se cuelen con tanta suavidad en esta sociedad, tan pusilánime en el castigo de los delitos (a los presos se los lleva uno a visitar el Fórum para que les dé el aire, o les da permiso de fin de semana para que violen y maten a dos policías en prácticas). Claro, que en este caso, es un delito que cometen hombres y ya sabemos que, al contrario de lo que dicen los principios legales más básicos, para la Ley en España no es lo mismo un hombre que una mujer y, si no, miremos la Ley contra la violencia de género (¿no sería de sexo?) o la mayoría de las sentencias de divorcio de este país. Supongo, por tanto, que habrá muchos intereses entre el feminismo más enconado y radical por promover la castración química. Yo, que no descarto de forma tajante la adecuación de la pena de muerte y que por ello me veo ampliamente criticado cuando lo hago público, no entiendo cómo alguien defiende la castración química, que es, al fin y al cabo, una privación de los derechos más fundamentales de la persona y nadie le critica por ello. Si esto lo hicieran en Guantánamo, la que se montaría… Por otra parte, mucho me temo que la castración química no vale de nada y es un arma de doble filo. Los violadores no necesitan de su pene para violar. No es el deseo sexual sino locura y odio lo que mueve a los violadores, ni es necesaria una erección para violar a nadie. Muchas de las peores violaciones, sobre todo a niños, se producen sin penetración. Además, me da la impresión de que muchos violadores pueden solicitar la castración química para “ganar puntos” en relación con su sentencia o con la consecución de permisos penitenciarios. Recordemos que la castración química no es más que una medicación que el “paciente” debe tomarse a diario y, si se la deja de tomar, todo vuelve a la normalidad pasado un tiempo. Conclusión: pides la castración química, el juez de vigilancia penitenciaria se conmueve por tu voluntad para enderezar tu vida (perdón por la broma) y cuando te dan el tercer grado o te reducen la condena te dejas de tomar la pastillita. Para cuando te hagan el primer análisis clínico (que, por cierto, pagamos entre todos), te ha dado tiempo a violar a unas cuantas y volver a comenzar a tomártela. Un chollo, vamos. Espero que el gobierno socialista no se deje llevar por su afán de progresía ni por las presiones a las que lo someten los grupos de presión feministas. 2 comentarios a “La castración química”Haga un comentario |
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Soy psiquiatra y trabajo desde hace varios años en la seguridad social. Hace ya tiempo que pienso que estos tíos de Justicia solucionan sus problemas convirtiéndolos en enfermedades y endosándoselos a Sanidad. La castración química es un método controvertido desde un punto de vista científico, y no garantiza en absoluto el control conductual de los pedófilos sometidos a ella con la eficacia con la que se pretende vendernosla. Además, no deja de tener su gracia que condenar a cadena perpetua a un delincuente irrecuperable sea anticonstitucional e inadmisible éticamente, pero obligarlo a inyectarse el resto de su vida en contra de su voluntad una sustancia con numerosos efectos secundarios y nociva para la salud no. Estos tíos están mas preocupados en mantener una imagen de chicos buenos que en agarrar el toro por los cuernos.
6 de Junio de 2008 a las 17:18:18
Estoy muy de acuerdo con lo que dices, tarascon. La progresía española es, casi por definición, incoherente. Otro claro ejemplo sería la defensa a ultranza del matrimonio homosexual mientras que la poligamia les “horroriza”.
7 de Junio de 2008 a las 08:23:32